BARBI SUPERSTAR Joaquín Sabina Tenía los pies diminutos, y unos ojos color verde marihuana, a los catorce fue la reina del instituto, el curso que repeti las del octavo derecha dijeron: "otra que sale rana", cuando en "Crónicas Marcianas" la vieron haciendo streap-tease. En sus quimeras de porcelanosa conquistaba a Al Pacino, los del Rayo... no éramos gran cosa para su merced, si la chiquita de Mariquita Pérez tuviera un buen padrino, los productores, que saben de mujeres, le darían un papel. Pezón de fresa, lengua de caramelo, corazón de bromuro, supervedette, puta de lujo, modelo, estrella de culebrón, había futuro en la pupilas hambrientas de los hombres maduros, enamorarse un poco más de la cuenta era una mala inversión. Debutó de fulana de tal en un vil melodrama, con sus veinte minutos de fama retiró a su mamá, el guión le exigía cada vez más escenas de cama, todavía por Vallecas la llaman: Barbi Superstar. La noche antes de la noche de bodas arrojó la toalla, el novio, con un frac pasado de moda, enviudó ante el altar, mientras Barbi levitaba en la Harley de un chulo de playa que entre el Tarot, Corto Maltés y Bob Marley, le propuso abortar. Al infierno se va por atajos, jeringas, recetas. Ayer, hecha un pingajo me dijo en el "tigre" de un bar: ¿Dónde está la canción que me hiciste cuando eras poeta?" "Terminaba tan triste que nunca la pude empezar". Por esos labios, que sabían a puchero de pensiones inmundas, habría matado yo, que cuando me muero ya nunca es por amor. Se masticaba en los billares que el Rayo había bajado a segunda, por la M-30 derrapaba el caballo de la desilusión. Debutó de fulana de tal...